Estudiar o ser influencer, la diatriba del bachiller en Venezuela
CACHIKAMO NEWS
La verdad que duele, que hay que remediar
El bachiller venezolano ante el abismo: ¿carrera universitaria o “likes” para sobrevivir?
En un país donde un médico gana menos que un delivery y un influencer sueña con ser el próximo rey de TikTok, el futuro se decide con un clic.
Cada año se repite la misma tragicomedia venezolana: miles de bachilleres de 17 años sentados frente a la pantalla de la OPSU, escribiendo su nombre, sus notas y, con la esperanza de quien compra un billete de lotería, responden la pregunta fatal: ¿qué quieres estudiar?
Nadie les ha ayudado a contestarla. Ni en el liceo, ni en la casa, ni mucho menos en el Ministerio. El psicopedagogo Jesús Alberto Campos lo resume sin anestesia: no hay orientación vocacional formal. Desde que en 2006 eliminaron la Prueba de Aptitud Académica, el sistema solo mide notas y miseria socioeconómica. El resto es puro azar y redes sociales.
El influencer como plan B (y a veces plan A, B y C)
"Un estudiante actualmente te puede decir que haciendo algún oficio o practicando algo más informal, como ser influencer o llevar redes sociales, puede ganar mucho más dinero en menos tiempo. Ese es el reto más grande." — Jesús Alberto Campos
Y tiene razón el muchacho. En Venezuela (y en la diáspora) el contrato social se rompió hace rato. El médico que se quedó gana menos que el delivery en Quito. Los profesores universitarios se fueron en masa. ¿Qué argumento le das a un pibe de 17 años para que se sacrifique por un título que quizás no valga ni el papel donde lo imprimen?
Universidad pública: la lotería de la incertidumbre
Los jóvenes no son vagos. Prefieren la universidad privada (cuando pueden pagarla) porque al menos te da una fecha de graduación. En la pública todo es incierto: ¿cuántos semestres más por la falta de profesores? ¿Cuántos paros? ¿Cuántos “no hay cupo”?
La dimensión migrante que nadie quiere decir en voz alta
El verdadero modelo de éxito que ven los muchachos en la pantalla no es el ingeniero que se quedó ni la doctora del barrio. Es el venezolano que se fue a Chile, abrió TikTok contando cómo “se las arregla” y ahora vive de donaciones y patrocinios.
La migración venezolana creó, sin querer, una generación de “mentores” digitales que viven de la visibilidad y no necesariamente de un título. Detrás de cada influencer exitoso hay 500 que ni carrera ni seguidores tienen. Pero eso, claro, no sale en el algoritmo.
La propuesta sensata (que probablemente nadie implementará)
Campos no pide volver al pasado ni demonizar los oficios digitales. Pide que la orientación vocacional sea real: que ayude a los jóvenes a desarrollar herramientas de largo plazo, pensamiento crítico y capacidades que los trabajos informales difícilmente construyen.
Y sobre los padres: “No se trata de empujar hacia una carrera sino de acompañar el proceso de descubrimiento.”
Nota editorial:La dictadura diseño un plan de destrucción integral de la educación; No tenemos cifras exactas de cuántos bachilleres están optando por la informalidad digital en vez de la universidad. Pero la estructura del sistema sí es clara: sin orientación vocacional seria, la OPSU sigue siendo una ruleta rusa.
¿Y tú qué opinas, cachikamo?
¿Carrera tradicional o apostar todo al “personal brand”? Escríbenos en los comentarios.
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